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El
poderoso influjo de la Luna
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Desde la antigüedad, la admiración de
las personas con respecto al día y la noche, al Sol y la Luna
les llevó a pensar que los cuerpos celestes se movían
de una forma regular. Así en la India y en la civilización
maya observaron que el Sol, determinaba el cambio de las estaciones
y la prosperidad de las cosechas. Se desarrolló ya en esa época
un sistema, en el que los movimientos de la Luna y de cinco cuerpos
brillantes que giraban alrededor de la esfera de estrellas, dentro de
un cinturón llamado zodíaco, determinaba la vida del individuo.
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Hermana menor de la Tierra
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Los antiguos babilonios estudiaban los movimientos
del Sol y de la Luna, y designaban como comienzo de cada mes el día
después de la luna nueva, al aparecer el primer cuarto lunar
después del ocaso.
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Para los romanos Diana era la diosa de la Luna y
de la caza y, además, era la guardiana de las corrientes y los
manantiales. Esta idea de cuidadora de las aguas no andaba desencaminada,
pues habían observado la influencia de la Luna sobre las mareas.
Este efecto, como ha demostrado la ciencia actual, consiste en unos
cambios regulares y cíclicos del nivel del mar, que se deben
al influjo que en la masa de agua ejerce la atracción de la Luna,
con un carácter reiterado durante el día.
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En cualquier caso, como la Luna era algo tan inexplicable
se dio su nombre a un día de la semana, el Lunes, derivado
del latín dies lunae, que significa 'día de la
Luna', de ahí Lundi en francés y Lunedi
en italiano, e incluso los anglosajones lo consagraron a la diosa de
la Luna Monandaeg, de ahí Monday en inglés
y Montag en alemán. Inclusive se dedicó un mes
a tan maravilloso satélite terrestre, el mes de Enero
derivado de Jano, dios etrusco con dos caras: el Sol y la Luna.
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Mas la idea de que la Luna podría ejercer
determinados efectos sobre el comportamiento de las personas queda ya
constatado en la Biblia, el Talmud y el Corán, hasta Hipócrates
(el padre de la medicina) ya lo mencionaba.
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En la historia más reciente, en la judicatura
del siglo XVIII, se pensaba que un lunático o "non compos
mentis" era alguien que tenía intervalos lúcidos,
dependiendo de las fases de la Luna.
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Stevenson se basó en un caso real de
asesinato acaecido en el siglo pasado, cuyo acusado era Charles
Hyde, el cual se declaraba inocente aludiendo que siempre que
había luna nueva o llena se volvía loco, de ahí
se basó la historia de su novela "El doctor Jekyll
y mister Hyde".
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En cualquier caso, la ciencia ha demostrado
que algunos organismos vivos reaccionan ante los ciclos de la
Luna: el cangrejo violinista cambia de color en relación
con esas fases, y la alimentación de la ostra varía
en función de las mismas.
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El psiquiatra norteamericano Arnold Lieber, realizó
un estudio para demostrar que la Luna podía intervenir tanto
en las emociones como en el metabolismo. Para ello Lieber estudió
que en la mayoría de los homicidios y suicidios ocurridos entre
1950 y 1970, se encontraba el denominado "periodo lunar estadísticamente
significativo", que era siempre en luna nueva y luna llena.
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Quizás la atracción lunar puede afectar
los ritmos biológicos internos (pues la mayoría de nuestro
cuerpo es agua) tal como lo hace con el mar, al igual que influye sobre
el campo electromagnético terrestre.
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Sea como sea, este maravilloso satélite aparecerá
civilización tras civilización aunque tan sólo
sea para que podamos realizar conjeturas sobre su influjo, o simplemente
nos demuestre que existe el paso de los días y por lo tanto el
tiempo, tal como ya nos enseñaron las antiguas culturas clásicas.
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