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El sexo es pura fantasía

Sin duda, una vida sexual plena es parte fundamental de una vida sana, y las fantasías sexuales son el complemento de la primera. No se trata de un asunto de locos o pervertidos, sino de actitudes normales que pueden resultar claves para enriquecer la relación de pareja y no caer en la rutina.

Todo comenzó un día de mayo de hace un año. Era cerca del mediodía y sonó el teléfono. "Sí" -contesté-, mientras que al otro lado se podía oír sólo un jadeo persistente, y luego una voz que me decía: "Cuéntame tus recuerdos". Para hacer el relato más corto, debo confesar que en principio pensé que era una broma de un amigo, pero después de aquella frasecita, me asusté. No obstante, no dejé que el temor me descontrolara y empecé a conversar con él. La curiosidad se adueñó de la situación, y desde hace más de cuatro meses soy la fantasía sexual de alguien.

Cada vez que cuento esto la gente me mira sorprendida, asustada o abrumada. Y es que muchos no entienden por qué no le cuelgo el teléfono y le mando a freír espárragos. Lo que sucede es que, saber quién es, se me ha convertido casi en una necesidad.

Obviamente, no le sigo el juego, en parte porque no sé qué decirle. Así que, mientras él, supuestamente, se divierte sólo, le hablo de la bolsa de valores de Tokio, de mi trabajo o de cualquier cosa que se me pase por la cabeza en ese momento. En un principio las conversaciones eran más cortas, pues, hipotéticamente, lo único que él quería era que lo ayudara a llegar a su climax particular.

Ahora la cosa ha evolucionado hasta el punto de hablar casi hora y media, compartiendo ideas y preocupaciones. Claro que estudio cada una de sus frases y le pregunto de todo, y aunque a veces creo saber quién es, en otras ocasiones logra despistarme. Sin embargo, sentí la necesidad de compartir todo esto con una persona especializada en comportamiento humano, un poco para escudriñar en lo que son en sí las fantasías sexuales, y otro tanto para saber el peligro real que entrañaba mi amigo telefónico.

SEAMOS CIENTIFICOS

Guillermo Feo, médico psiquiatra, director fundador del CENAIF (Centro de Atención Integral a la Familia) y psicoterapeuta en terapia gestáltica, quien fue punto de referencia para este reportaje, explicó, antes de adentrarse en el tema, que en el ser humano coexisten dos mundos: el interno y el externo. En el primero se almacenan las experiencias "de la piel para adentro", mientras que en el segundo se encuentra todo lo que es posible percibir con los cinco sentidos. No obstante, en medio de estos dos mundos existe el de la fantasía. "Este es -señaló el psiquiatra- la representación de todo aquello que se da dentro de una persona, que no tiene que ver con la percepción específica del mundo externo. Es decir, no lo está oliendo, ni viendo, ni tocando ni gustando. Todo este inmenso reino es la fantasía. Basándonos en esta apreciación podríamos decir que una fantasía sexual es una reproducción de imágenes fundamentadas en vivencias pasadas o una manera de dar forma sensible a las experiencias ideales."

Entonces, cabe preguntarse: ¿hasta qué punto una fantasía sexual es sana?. "No se puede decir que haya fantasías normales o anormales", explica Feo, "porque esto conlleva un juicio de subjetividad y, por lo tanto, de relatividad. Lo que para unos es normal, para otros no lo es. Para mí cualquier tipo de fantasía es normal, porque forma parte de la naturaleza de cada cual".

En pocas palabras, fantasear es algo inherente al ser humano, y es algo que nos diferencia de los animales. No obstante, estos juegos de soñar despierto, sobre todo si están ligados a lo carnal, han sido vetados durante siglos en nuestra cultura. Es por eso que muchas veces, por desconocimiento o simple mojigatería, la censura lo rodea. Mas no por ello lo hemos dejado de lado.

Actualmente, muchos libros que hablan de técnicas y tácticas para mantener a su pareja satisfecha por un buen rato, recomiendan visualizar situaciones de toda índole con su compañero o compañera, para luego simplemente lanzarse a la aventura de convertirlas en realidad.

¿Y dónde dejamos los videos eróticos que anuncian por la televisión que tienen como objetivo dejar volar la imaginación para disfrutar mejor del sexo? Aun así, con todo este bombardeo, el miedo persiste, por aquello de no caer en la perversión. "Lo que muy pocos entienden o saben es que mientras la fantasía o la conducta sexual sea aceptada y disfrutada por ambas partes, es perfectamente válida", acota Feo.

Otro aspecto importante que enfatiza el especialista es que la fantasía no puede sustituir al acto sexual en sí. Incluso, este psiquiatra compara a la fantasía con cualquier otra conducta sexual. "Por ejemplo, el que una pareja vea videos pornográficos en su televisor mientras tiene relaciones, siempre y cuando ambos lo gocen, es completamente válido. Ahora bien, si sólo se puede tener sexo bajo estas condiciones es cuando hay que preguntarse qué está sucediendo".

Este planteamiento, que puede causar escozor en los más puritanos, lo hemos visto expuesto en filmes como "Nueve semanas y media", "Atracción de dos lunas" o "Luna de pasión", en los que observamos cómo las parejas disfrutan de conductas sexuales como el voyeurismo, el sadomasoquismo o el fetichismo, como aditamentos a su experiencia sexual. No por nada escribió Nietzche: "Todo lo que se hace por amor trasciende más allá del bien y del mal", a lo cual podemos agregar: "Siempre y cuando lo que se haga cuente con la anuencia del otro".

LIMITADOS POR EL ABURRIMIENTO Y LOS TEMORES

Guillermo Feo asegura que en nuestra cultura los hombres fantasean más que las mujeres. "Las mujeres fantasean menos que los hombres, no tanto porque carezcan de esta necesidad, sino por una cuestión meramente de enseñanza, de cultura. Sin embargo, en estos tiempos las cosas empiezan a cambiar, y ya las mujeres se han empezado a dar permiso para disfrutar de sus fantasías".

Aun así, y según su experiencia, las féminas son menos propensas a confesar sus fantasías, y el pequeño porcentaje que admite tenerlas no las comparte con su pareja, lo cual a su parecer es un gran error. "El enemigo mortal de la relación de pareja es la rutina, que conduce al aburrimiento. Es por eso que todo aquello que contribuya a ahuyentar la monotonía es sano, nutritivo y enriquece la relación. Esta es una afirmación difícil de aceptar por esta cultura, que no es más que la cultura del aburrimiento, en todos los aspectos".

Igualmente, Feo afirma que nuestra cultura nos induce a "disfrutar" de una sola posición y avala una actitud en la que, habitualmente, el hombre es un inmaduro sexual y un eyaculador precoz, tesis que ha sido tratada por innumerables estudios realizados.

Atendiendo a la observación, puede decirse que nuestra mojigatería en el ámbito sexual es tal que resulta muy gracioso ver cómo entran -mirando para los lados- muchas de las personas que deciden hacer una excursión por cualquier sex-shop, y lo es más aún cuando, después de escudriñar y preguntar por algunos aparatos raros, van a la caja con un condón con cabecita de muñequito o un chupete con forma de genital, miran al cajero y dicen sonrojados: "Es para un amigo/a, ji, ji...", aunque el regalito sea para su propio consumo o utilización en pareja.

Quizás un tanto inspirada en estos prejuicios, miedos e inhibiciones, últimamente ha surgido una moda literaria orientada al mejoramiento del comportamiento sexual. En muchos libros se habla de ejercicios para incentivar el placer, y si bien algunos de los cuales son proezas sólo capaces de ser realizadas por verdaderos yoguis, acróbatas o contorsionistas, existen otros en los que la imaginación y el proceso de contacto son las normas básicas. Pero ¿sirven realmente?.

"Para mí, esos ejercicios, recetas y libros son un arma de doble filo -explica Feo-. Por un lado, si se tiene una relación de pareja sólida, rica y variada, todas esas cosas la enriquecen. Pero, por el otro, si la relación es pobre y rutinaria, y se sugieren posiciones o cualquier otra cosa alejada de su realidad, lo que hará es crear un sentimiento de profunda frustración. Creo que no se debe hacer ningún tipo de enfoque o terapia sexual aislada a la revisión individual de la pareja".

DE LA FANTASÍA A LA OBSESIÓN

Innumerables películas han recreado la experiencia de ser la fantasía sexual de otra persona. Por ejemplo, muchos hombres empezaron a tener más cuidado después de ver los sufrimientos de Michael Douglas en "Atracción fatal", y unas cuantas mujeres hicieron lo mismo al observar el padecer de Morgan Fairchild en "Flashes". En ambos casos, la fantasía se convirtió en obsesión y ese es el límite al que hemos querido llegar.
Si bien mi amigo telefónico, al que hice referencia en un principio, no me persigue por toda la ciudad tomándome fotos o invade mi intimidad enviándome regalos, cabe preguntarse el porqué no se atreve a revelar su identidad.

"Supongamos que es verdad que la persona que llama se masturba, lo disfruta y tiene un orgasmo -señala Feo-, allí encontramos una sustitución. Él fantasea y sustituye el riesgo de acercarse y hacer una invitación a salir, con algo muy simbólico como el auricular del teléfono. Por la razón que sea, que puede ser miedo, él no tiene la capacidad de contactar, se esconde, se disfraza, lo cual indicaría una patología leve. Pero si, por el contrario, usara frases soeces, descarnadas, la patología sería severa, pues su comportamiento sería primitivo".

Ahora bien, ¿cuándo una fantasía se convierte en obsesión?. "Básicamente, cuando hay violencia de por medio", aclara Feo. "O cuando se invade el espacio íntimo del otro. En este caso sí hay peligro, pues la persona a la que uno se enfrenta es un psicótico".

En conclusión, mi amiguito es de lo más inofensivo y todo parece indicar que desea que descubra quién es él. A fin de cuentas si me admira y le inspiro toda la pasión que me profesa, sólo espero que supere su miedo y que al menos realice la fantasía de conocerme, lo cual va a ser un placer compartido, porque después de todo se despejará esta incógnita. Mientras tanto, me permitiré fantasear con él; quién sabe, a lo mejor es una mezcla de Hugh Grant, Brat Pitt y Tom Cruise. Además, quien no haya fantaseado alguna vez, que tire la primera piedra.

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