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Ayer Mujeres, hoy sólo Supervivientes
Mujeres afganas

Mujeres afganas reunidas en un lugar apartado. Sus derechos fundamentales siguen siendo violados con total impunidad.

 

"Ocho personas, entre ellas una mujer acusada de adulterio, yacen boca abajo mientras son azotadas con alambres ante la multitud que observa en el graderío". La frase anterior no es una crónica del coliseo romano, tampoco un relato del medievo. Se trata, ni más ni menos, de un informe de Amnistía Internacional para Afganistán en el que da cuenta de las múltiples violaciones de los derechos humanos de las que es objeto la población civil, y de manera especialmente cruel las mujeres, por parte de los talibanes, el grupo fundamentalista islámico que desde 1996 controla el territorio.

Para poder entender mejor la terrible situación en que se encuentra la mujer afgana adentrémonos brevemente en el marco histórico del país.

HISTORIA RECIENTE DE AFGANISTÁN

Afganistán es un país situado al sur de Asia central y sin acceso al mar, sometido históricamente a largas dominaciones extranjeras: persas, griegos, mongoles y turcos. No es hasta mediados del siglo XVIII cuando los afganos autóctonos comienzan a incrementar su poder.

Afganistán fue una monarquía hasta 1973, en que el rey fue derrocado y se proclamó la república. La constitución promulgada en 1977 consideraba a Afganistán un régimen de partido único y declaraba el Islam como la religión del Estado. Esta constitución fue suspendida en abril de 1978 a consecuencia de un golpe de Estado, y el Consejo Revolucionario se convirtió en el gobierno del país.

En 1987, el gobierno comunista con respaldo soviético elaboró una nueva constitución que establecía la elección indirecta de un presidente para un periodo de 7 años.

Durante la ocupación soviética de Afganistán en la década de los 80, los Estados Unidos, a través de la CIA, llevaron a cabo una campaña de apoyo a la milicia muyaidin (soldados de Dios), en contra del gobierno central,  suministrándoles armas por valor de cientos de millones de dólares a través de Pakistán, lo que contribuyó a que, tras la retirada de las tropas soviéticas en 1989, estallara una guerra civil entre las dos facciones: los progubernamentales y los muyaidin.

Los talibanes (plural de Taleb, que quiere decir "estudiante de la religión") eran jóvenes reclutas de las guerrillas muyaidines que lucharon durante la ocupación soviética, que vivían en campos de refugiados cerca de la frontera con Pakistán y que en aislamiento eran entrenados en escuelas religiosas ultraconservadoras (madrasahs). La CIA, en sus ansias de derrocar al régimen comunista que dominaba el país, nunca hizo una discriminación entre los grupos seculares y los grupos fundamentalistas religiosos.

También Arabia Saudí colaboró enviando dinero para la construcción de más escuelas religiosas. Para la caída del régimen comunista, ya había algunos miles de "estudiantes". Pero el último empujón que los llevó finalmente a la toma de Kabúl fue el patrocinio de Osama Bin Ladin, un árabe saudí perseguido por Estados Unidos como sospechoso de numerosos ataques terroristas, entre los que se encuentran los bombardeos a sus embajadas en Kenya y Tanzania en años pasados.

Los talibanes también recibieron entrenamiento militar y armamento de la Policía Fronteriza de Pakistán. A finales de 1994 y comienzos de 1995, los talibanes tomaron el control de la mayoría de las poblaciones situadas junto a las principales vías de la franja meridional y occidental del país, y en 1995 llegaron a los alrededores de Kabúl, que fue conquistada definitivamente en Septiembre de 1996. Poco después, el último presidente del país respaldado por el régimen soviético y su hermano, que se encontraban refugiados desde 1992 en el recinto establecido por la ONU en Kabúl, fueron capturados y colgados en un lugar público por los soldados talibanes.

EL PASADO DE LA MUJER AFGANA

Afganistán obtuvo su independencia en 1919, e inmediatamente después el proceso de modernización comenzó en el país. El gobierno proclamó que las mujeres no debían pasear con las antiguas vestimentas que las obligaban a llevar cubierta la cabeza, y durante la segunda mitad del siglo XX, se estableció una legislación relativa al matrimonio, noviazgo y dote mucho más moderna, a la vez que las mujeres fueron animadas a crear sus propias organizaciones y ampliar su cultura.

Sin embargo, estas reformas fueron canceladas debido a la fuerte oposición de algunos sectores públicos de la sociedad, y volvió a establecerse nuevamente una segregación por razones de sexo en todos los ámbitos de la sociedad.

En 1959, las mujeres fueron nuevamente animadas a despojarse del velo en las ceremonias oficiales. Durante 1964, con el establecimiento de la Constitución, se produjo la primera entrada de una mujer en la Asamblea Nacional, ocupando el cargo de Ministra de Salud.

En la década de los 70, muchas mujeres, especialmente de la clase alta, adoptaron el vestir y el estilo de vida europeo, a pesar de la oposición de algunos grupos sociales.

En 1978, con la llegada al poder de los comunistas, comienza un nuevo episodio para la mujer: el gobierno prohibe los matrimonios forzosos y establece una edad mínima para casarse, imponiendo penas de más de tres años de prisión para quienes lo incumplan. Además, reconoció el derecho de la mujer al trabajo y en 1984 se promulgó la ley de igualdad de oportunidades, gracias a la cual las mujeres comenzaron a integrarse en todas las áreas de trabajo, incluidos los cuerpos policiales.

En 1992, las mujeres representaban el 50% de la fuerza del trabajo del país. Antes de la guerra civil y el control talibán, especialmente en Kabúl, las mujeres afganas recibían educación y disponían de trabajo.  El 50% de los estudiantes y el 60% de los profesores de la Universidad de Kabúl eran mujeres. También lo eran el 70% de los profesores de colegio, el 50% de los funcionarios y el 40% de los médicos.

SITUACIÓN ACTUAL

Desde su virtual arresto domiciliario, las mujeres afganas claman por ayuda a la otra mitad del mundo que, en una actitud indiferente, pareciera ignorarlas o asumir que su terrible situación es un problema de carácter eminentemente cultural. Sin embargo, los testimonios de estas mujeres, consignados en numerosos informes de organizaciones defensoras de los derechos humanos, revelan que la situación ha rebasado los límites de la confrontación ideológica entre oriente y occidente.

Hasta el momento, el "Estado Islámico Puro" de los talibanes no ha sido reconocido formalmente por ningún otro gobierno, ni siquiera por aquellos de países musulmanes, y de hecho son duramente criticados por la forma en que tratan a las mujeres: numerosos partidos islámicos cuestionan el maltrato de los talibanes hacia las mujeres y se quejan de que reflejan una mala e incorrecta imagen del Islam. Irán, por su parte, calificó al gobierno talibán como "la vergüenza del Islam".

Desde que los extremistas islámicos talibanes tomaron el control de Kabúl en Septiembre de 1996, se instauró un organismo gubernamental denominado "Ministerio para Regular lo que es Correcto y Prohibir lo que es Incorrecto", con el fin de poner en práctica las normas de conducta integristas, abrumando a la población con prohibiciones y castigos que, en realidad, poco o nada tienen que ver con los preceptos religiosos.

Mujer afgana con el Burka
Mujer afgana con el Burka

Prohibieron la música, quemaron las cintas cinematográficas, las salas de cine fueron cerradas para convertirlas en mezquitas para la oración y se deshicieron de las bebidas alcohólicas incautadas en los hoteles extranjeros. Se prohibió a los hombres afeitarse la barba y se les obligó a acudir a rezar. Se prohibió jugar al fútbol y ver la televisión por ser contrarios al Islam  e interferir en las oraciones diarias. Quienes no respetan las nuevas ordenanzas, que se transmiten a través de Radio Kabúl o de camiones con altavoces, son castigados con latigazos, el confinamiento o el apaleamiento público hasta la muerte.

En el caso concreto de las mujeres, han sido privadas de los más mínimos derechos humanos:

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Están obligadas a cubrirse de pies a cabeza con unos velos largos llamados burkas, un traje que las cubre de pies a cabeza, con una pequeña rejilla a la altura de los ojos que apenas les permite ver.

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No pueden trabajar fuera de casa. Como consecuencia, los hospitales han perdido la mayor parte de su personal, y los orfanatos han quedado abandonados. En un país donde cientos de miles de hombres han muerto durante la guerra, las viudas se han visto obligadas a mendigar con sus hijos.

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No pueden ir al colegio o a la universidad. Todos los colegios para niñas mayores de 8 años han sido cerrados.

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No pueden mirar a un hombre que no forme parte de su familia.

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No pueden salir solas a la calle.

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No pueden conducir un coche ni montar en bicicleta.

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La atención médica es prácticamente nula, ya que salvo excepciones no pueden ser atendidas por hombres.

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No pueden hablar en público.

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En algunas aldeas, han obligado a pintar de negro los cristales de las ventanas de las casas donde viven mujeres para impedir que puedan ser vistas desde fuera.

Actualmente, debido a la presión internacional, se han establecido unas reglas de trabajo basadas en la Sharia (Ley Islámica) para los hospitales del Estado y las Clínicas Privadas, que permiten, en cierta medida, recibir alguna atención médica a las mujeres afganas siguiendo estrictas reglas:

1.

Las pacientes sólo pueden ser visitadas por mujeres médicas. En caso de ser necesario un hombre medico, la paciente debe estar acompañada de su familia cercana.

2.

Durante el examen clínico,  la paciente y el médico deben estar vestidos como ordena el Islam.

3.

El médico no debe examinar otras partes del cuerpo que no sean las inmediatamente afectadas.

4.

Las ventanas de las salas de espera de las pacientes deben estar perfectamente cubiertas.

5.

La persona que gestiona las citas de las pacientes debe ser una mujer.

6.

Durante las guardias de noche, los médicos no tienen derecho a entrar en las habitaciones donde están hospitalizadas las pacientes si no ha sido solicitada su presencia.

7.

Entre el personal médico, los hombres y las mujeres no tienen derecho a sentarse juntos o hablar. Si fuera necesaria una conversación, ésta debe llevarse a cabo vistiendo el atuendo que ordena el Islam.

8.

El personal médico femenino debe llevar atuendos simples. No pueden llevar vestidos elegantes, ni utilizar cosméticos ni maquillaje.

9.

Las médicas y enfermeras no están autorizadas a entrar en las habitaciones donde se encuentran hospitalizados hombres.

10.

Todo el personal del hospital debe respetar las horas de plegaria de la mezquita. El director del hospital está obligado a asignar un lugar especial para la oración y designar un religioso (Mollah) encargado de la misma.

11.

Los miembros del Departamento para la Promoción de la Virtud y Prevención del Vicio pueden realizar controles en cualquier momento sin que nadie pueda impedirlo. Toda persona que viole estas órdenes será castigada según la Ley Islámica.

Ante esta situación, y a pesar de la censura practicada por los talibanes, desde los hospitales llegan noticias a través de médicos y voluntarios internacionales de un escalofriante aumento de los procesos depresivos en las mujeres que con frecuencia acaban en suicidios o en la negativa de ingerir alimentos.

Las consecuencias del régimen talibán se reflejan cada vez más en las mujeres que, ante su desgracia, se ven forzadas a disfrazarse de limosneras para prostituirse. Esta práctica es "tolerada" por los oficiales talibanes a cambio de sexo gratuito.

Mientras tanto, las mujeres desplazadas que intentan huir hacia Pakistán son capturadas en la frontera. Algunas son vendidas a los pakistaníes por 90.000 rupias (unos 1.800 dólares), aunque la mayoría de ellas es recluida en campos de concentración cerca de la ciudad de Jalahab, junto con otros prisioneros talibanes. Otras, claman por el asilo en países de occidente, pero la expedición de pasaportes para ellas ha sido bloqueada. La ayuda que les brindaban las organizaciones no gubernamentales (ONG's) ha sido en muchos casos cancelada por razones de seguridad, pues dichas organizaciones son acosadas por el gobierno talibán.

Los talibanes han atropellado, sin ninguna distinción, tanto a miembros de ONG's como a funcionarios de Naciones Unidas y de la Organización Mundial de la Salud, quienes han sido arrestados sin cargo alguno. Los únicos testigos de lo que allí ocurre son la Cruz Roja Internacional y algunos periodistas, quienes también son diariamente amenazados.

La ONU, a través de sus diferentes órganos, ha hecho numerosas llamadas de atención al régimen talibán, desde el Consejo de Seguridad hasta el propio secretario general, Koffi Annan, quien calificó a dicho régimen como "una clara y seria amenaza para la paz y estabilidad regional".

Aún así, los talibanes continúan maltratando a las mujeres, quienes ante la falta de ayuda se han organizado en forma clandestina. Tal es el caso de la Asociación Revolucionaria de Mujeres de Afganistán (RAWA), dedicada a defender los derechos de las mujeres afganas y promover la lucha contra el fundamentalismo: "Defender un trato humano hacia las mujeres es para ellos algo inmoral y pecaminoso, y enseguida nos califican de ateas y prostitutas comunistas, sembrando el miedo en las demás mujeres. Todo lo justifican a través de la religión, y cuando ésta no alcanza, lo inventan", cuenta una miembro de RAWA.

Desde hace algún tiempo, gracias a Internet se desarrollan diversas campañas con el fin de presionar tanto a la ONU como al gobierno de los Estados Unidos y a la Unión Europea para que impidan el racismo de género que encabezan los talibanes. La más grande es quizá la que desarrolla la Feminist Majority Foundation, que engloba a más de 130 ONG's, entre las que se encuentran las de mayor influencia, como son Amnistía Internacional y Human Rights Watch.

Así, mientras los negocios de occidente crecen en esta región (sea el tráfico institucional de armas o la explotación de petróleo), las mujeres afganas, cautivas en esta pesadilla interminable, viven en el intento de que su voz sea escuchada y piden ayuda a una sociedad que se jacta de ser global pero que las ha condenado al olvido.

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