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El masaje del bebé

Cuando damos un masaje a un bebé, se convierte en expresión de amor y de intercambio de energía vital. Cuando una madre acaricia, mima y masajea a su hijo, manifiesta a través de sus gestos un magnífico sentimiento de amor.

En ese momento se establece entre los dos una comunicación profunda en la que el tacto hace de puente entre el niño y el mundo externo. Este tipo de relación privilegiada entre madre e hijo da sentido a lo que el niño vive: en otras palabras, lo ayuda a construir su identidad.

En general este tipo de relación siempre es un privilegio de la madre, pero también el padre puede estar implicado en el masaje del niño, y puede tener la ocasión de empezar con su hijo un "diálogo no verbal" mucho más profundo que consolidará la relación.

El amor que el progenitor transmite a través del contacto induce al relajamiento y, en los casos en que el niño viva particulares condiciones de sufrimiento, estimula su potencial de autorrelajación, aumentando así la resistencia a las enfermedades. Igualmente, se produce un beneficioso intercambio de energía que favorece un estado de bienestar tanto en el niño como en el adulto.

Del hecho de que el niño parezca ser un todo con la madre, deriva que, cuando existe un exceso de energía en el bebé, ésta fluye hacia el adulto, liberándose el niño de las tensiones y haciéndole más fácil conseguir un estado de quietud.

REGLAS GENERALES

Para conseguir que madre (o padre) y bebé lleguen a fundirse en un sólo ser energético, es necesario que el masaje se realice tanto sobre el lado anterior como en el posterior del cuerpo del bebé.

Por lo que respecta al tiempo, 15 o 20 minutos pueden ser suficientes, aunque si la experiencia resulta agradable para ambos, se puede prolongar unos pocos minutos más. No obstante, en los casos de niños prematuros y de edades inferiores a un mes, es conveniente que no se superen los 10 minutos.

No olvides ser extremadamente suave y delicada, respetando algunas zonas como la cabeza, en particular si el niño ha sufrido algún trauma durante el parto.

Es aconsejable practicar el masaje empezando por la cabeza e ir bajando poco a poco, para finalizar por los pies. Después, se puede completar con algunas caricias ligeras por todo el cuerpecito del bebé.

Debes eligir el momento oportuno para iniciar el masaje, ya que durante el tiempo que dure no deberás dejar que te distraigan otros pensamientos u obligaciones: estarás solamente tú con el niño. El momento del baño se convierte muchas veces en el más idóneo.

Procura que el niño no tenga hambre, de forma que no sufra trastornos ni tensión alguna y pueda gozar plenamente de toda la experiencia.

El niño puede ser masajeado sobre una mesa algo mullida, o bien sentándote tú en el suelo, sobre una manta, con el bebé sobre las piernas cruzadas.

Conforme crece el feto, el útero aumenta de tamaño afectando otras partes de tu cuerpo. Algunos cambios están originados por las hormonas que el organismo secreta para nutrir y proteger al bebé y prepararos a ambos para el nacimiento.

Si el niño deseara cambiar de postura, hazle caso y vuelve después sobre las partes que no hayas podido estimular. Recuerda siempre seguir el orden cabeza - pies.

Para los masajes ligeros el aceite no es indispensable, aunque si quieres puedes usarlo para la espalda. En este caso emplea aceite de almendra dulce, que hidrata la piel y no resulta nocivo para el pequeño si se chupase los dedos. Si la temperatura del aceite es inferior a la de la piel, tenlo durante unos instantes en la palma de la mano hasta que se caliente. Es muy importante que durante el masaje se le hable al niño, manteniendo un contacto epidérmico, visual y también auditivo.

MASAJE DE LA PARTE ANTERIOR DEL CUERPO
La Cabeza

Con un movimiento rotatorio, acaricia delicadamente su cabeza. Hazlo de un modo suave y pausado, dejando que tus manos se confundan con su cabecita.

La Cara

Con una presión muy ligera, con el dedo índice y el medio, roza con las yemas su frente, partiendo del centro y llegando hasta sus sienes, y masajéalas con un movimiento rotatorio bastante lento. Masajea las mejillas hasta llegar a las orejas, en la zona anterior y posterior.

Con la yema de tu dedo índice, sigue el contorno óseo que contiene los globos oculares del bebé, partiendo desde la nariz.

Rózale los labios, y, con un poco más de energía, la zona circundante de su boca. Masajea el mentón, y con una caricia roza la mandíbula. Finalmente, con la mano extendida, acaríciale la cara.

El cuello y los hombros

Acaricia su cuello partiendo de las orejas y llegando hasta la espalda, volviendo despúes a la parte posterior, abandonando lentamente su espalda. Después, acaríciale los hombros iniciando el movimiento desde el cuello.

Los Brazos y las Manos

Acaríciale todo el brazo, partiendo de los hombros y llegando hasta los dedos de sus manos.

Con todos los dedos de la mano, agarra su brazo a la altura del hombro y, con una presión suave, desciende hasta la muñeca. Masajea bien, con movimientos circulares, la palma y el dorso de sus manos. Trabaja después cada uno de sus dedos con las yemas de los tuyos.

El Pecho y el Vientre

Masajea con delicadeza su pecho partiendo del centro y llegando hasta los costados. Las manos, estiradas y blandas, deben seguir la forma del tórax del niño.

Con los dedos o la palma de tu mano, masajea su vientre en el sentido de las agujas del reloj.

Genitales

Los órganos sexuales del bebé deben ser acariciados leve y naturalmente, como todas las demás partes del cuerpo. Es una parte más de la anatomía, y es importante que no nos olvidemos de ella.

Las Piernas y Pies

Masajea toda la pierna: muslos, rodilla y pantorrilla. Agarra la pierna a la altura del muslo y desliza tu mano ejerciendo una cierta presión, hasta su tobillo. Una vez allí, masajéalo con movimientos circulares.

Masajea también toda la planta del pie con movimientos rotatorios, fricciones y ligeras presiones. Después, trabaja luego sobre cada uno de los dedos de sus pies.

MASAJE DE LA PARTE POSTERIOR DEL CUERPO
La Cabeza

Con la mano abierta y algo flexionada, roza su cabeza siguiendo el contorno hasta llegar a la zona occipital (parte posterior del cráneo).

El Cuello

Con las yemas de tus dedos, masajea en sentido horario los músculos de sus vértebras cervicales. Sigue los movimientos lentamente y ejerciendo presiones medias.

Los Hombros

Continuando con los movimientos circulares utilizados en el cuello, desciende poco a poco hacia los hombros, utilizando para ello los dedos de tus dos manos.

La Espalda

Con las yemas de tus dedos, masajea con movimientos circulares los músculos que se encuentra junto a su columna vertebral. Trabaja al mismo tiempo con las dos manos, partiendo desde la primera vértebra y llegando hasta las nalgas.

Extiende los movimientos rotatorios a toda la superficie de su espalda utilizando para ello las yemas de tus dedos y las palmas de tus manos.

Las Nalgas

Con las yemas de tus dedos trabaja sus glúteos con movimientos ligeros y rotatorios.

Las Piernas

Agarra con tus manos la parte posterior de sus piernas, partiendo desde sus glúteos, y deslízalas lentamente hasta sus pies, ejerciendo una suave presión sobre los músculos que se extienden a lo largo del camino.

PARA TERMINAR

No olvides unas últimas caricias suaves sobre todo el cuerpo del niño desde la cabeza a los pies, de manera que pueda percibir un sentido de unidad corporal contigo misma.

 
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