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La Habitación
Raquel Martín Vega
 

Nació un día de primavera. Era el primer hijo, y sus padres le esperaban ansiosos. Desde su llegada todos los que le conocían decían de él que parecía un ángel, por su rostro dulce y perfecto, por la forma de ser alegre y tranquila.

El niño, según crecía, se mostraba más callado, siempre observaba todo y a todos. Contemplaba al resto de los chiquillos jugar en el patio del colegio, pero él no participaba en los recreos, se estaba convirtiendo en un niño solitario.

Los vecinos opinaban de él que era raro, siempre callado, mirando... quizás era mejor que sus hijos no se le acercaran, pues opinaban que no debía ser buena compañía, a pesar de su aspecto angelical.

Cansados de la situación, sus padres decidieron cambiar de casa, deberían buscar un lugar diferente en el que nadie les conociera, pensaban que en un nuevo barrio el niño encontraría otros amigos, podría jugar con ellos e incluso pudiese dejar sus silencios.

Encontraron una casa antigua, en el centro de la ciudad, muy grande, de techos altos, con un pasillo interminable, era el lugar perfecto para instalarse.

El niño estaba emocionado, la primera noche no pudo dormir ante tantas novedades: sus juguetes estaban desordenados por el suelo, aún debían colocar los muebles. En el techo de su habitación se mostraba una escayola con flores y ángeles, había un armario de color azul, que al día siguiente investigaría, la ventana, aunque estaba demasiado alta para él, prometía nuevas emociones.

Estaba absorto con todo, cuando descubrió una sombra. El niño no se asustó, a pesar de que la figura se acercaba cada vez más a su cama, él se limitó a observarla, era otro descubrimiento en esa noche.

Al día siguiente, una vez ordenados los juguetes en su habitación, recorrió todos los rincones de su nuevo hogar, investigó el interior del armario azul, encontrando en el viejas fotografías... llegada la noche regresó a su habitación para dormir. La casa permanecía en silencio, fue entonces cuando apareció de nuevo la figura. En esta ocasión se acercó tanto a la cama que el niño casi podía tocarla. Él sin temor comenzó a hablar con la sombra:

- ¿Quién eres tú?, ¿Cómo es que estás en mi dormitorio?.

"Soy -dijo la figura- la que ha estado durmiendo en esta habitación desde hace muchos, muchos años. Llevo demasiado tiempo aquí sola, hasta que has llegado tú con tus padres, y ahora compartimos alcoba. Estoy feliz con tu compañía " .

La figura se sentó sobre la cama, le dijo que no contara a nadie, ni tan siquiera a su familia lo que había ocurrido, ella siempre estaría ahí con él, pero esto debería ser su secreto.

El niño le prometió no comentar nada, además, le dijo que como no tenía amigos podría jugar, los años que tenía, su nombre...

Desde aquello todas las noches él la esperaba sentado sobre la cama y ella aparecía despacio, siempre a la misma hora. Ella le contaba historias antiguas, cuentos... él la escuchaba atento hasta que quedaba dormido.

Un día el niño se sentía mal, la fiebre comenzó rápidamente y sus padres llamaron al médico. Intentaron toda clase de remedios, él apenas comía, cada vez estaba más débil, nadie pudo hacer nada por salvarle.

Los padres se sentían tan desolados que decidieron vender la casa que tantos recuerdos les traía.

Fueron muchos los inquilinos que posteriormente vivieron en ella, ya que ninguno la habitaba más de una semana. Decían que en la habitación con el techo de flores y ángeles de escayola, la del armario azul, por las noches se podía escuchar las risas de un niño y una voz femenina contando historias.

 
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