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Los árboles en la mitología griega
Raquel Martín Vega
 

Desde la antigüedad los hombres han venerado a los árboles, cada uno tiene un significado especial, los cipreses como elevación del espíritu, las acacias como un símbolo determinado relacionado con la tradición hermética......

En este relato tan solo voy a referirme a unas "diosas menores" griegas (las dríades), y a un matrimonio, que como símbolo de haberse comportado de forma fraternal con sus semejantes, fueron idealizados por los helenos (Filemón y Baucis).

 

DRÍADES

Las dríades eran unas criaturas que nacían en el hueco de un árbol determinado al que debían guardar durante toda su vida, cada árbol poseía su propia dríade, la naturaleza siempre ha sido muy inteligente, y ya que éstos eran los únicos seres vivos que no pueden andar, ni gritar, y están vivos más tiempo que cualquier persona sobre la tierra, necesitan de alguien que les cuidara de los daños que les pudieran causar.

Para ello cada dríade evitaba que alguien hiciera añicos su corteza, que destrozara airadamente sus ramas.

Ellas solían vivir en el mismo árbol o en sus proximidades. No eran vengativas, simplemente se dedicaban a proteger a su árbol, pues según la tradición "nadie debe dañar a una criatura viva", por ello los dioses, muchas veces, castigaban a quienes dañaban los árboles, ya que a su vez, causaban la muerte de las dríades. La venganza la cometían los dioses porque ellas eran incapaces de hacer mal a nadie.

Cuentan que un día una dríade acababa de nacer de un pequeño arbusto, estaba muy contenta porque el arbolito al llegar la primavera, se sentía radiante con las nuevas hojas que cubrían su cuerpo, pensaba que jamás podría alcanzar en altura a otro árbol adulto que le rodeaba en el monte, brotaban lentamente las hojas de su leñoso cuerpo cuando de repente un hombre se acercó, como él era muy pequeño no sabía lo que los humanos podían llegar a hacerle, por ello no se alteró cuando sintió que aquel ser se paró ante su todavía diminuto tronco. Su dríade que era inexperta y que acababa de nacer, en el mismo momento que él, no pensó que algo malo les podía ocurrir.

De repente el arbusto notó un golpe seco justo en la mitad de su cuerpo y sintió como su vida se escapaba con su savia, ni él pudo gritar, ni su dríade pudo persuadir a aquel personaje que tras separarle del suelo que le daba la vida, encendió un fuego con sus ramas.

Nunca más se supo de la ninfa que vivía en el arbolillo y de sus raíces secas, no volvieron a brotar ninguna de las ramas de las que él esperaba dar sus frutos.

 

FILEMÓN Y BAUCIS

Cuando Júpiter, padre de los dioses, y su mensajero, Mercurio, recorrieron Frigia bajo apariencia humana buscando alimento y albergue, nadie los acogió excepto el anciano Filemón y su mujer, Baucis, quienes les brindaron su hospitalidad. Como recompensa por su amabilidad, Júpiter los salvó de un diluvio que había enviado para castigar a los frigios por su crueldad y sustituyó la morada de Filemón y Baucis por un templo.

El Dios les prometió previamente otorgarles todo lo que desearan, pero ellos tan sólo pidieron ser sacerdotes de su templo y morir al mismo tiempo, como símbolo de su amor. Júpiter cumplió su promesa y, cuando ellos llegaron a una edad muy avanzada, transformó a Filemón en un roble y a Baucis en un tilo, que crecieron de un solo tronco y por lo tanto permanecieron unidos tras por muchos más años de los que viven los seres mortales. El árbol mixto permaneció durante muchos años delante del templo y fue venerado por todo el pueblo.

 
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