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Transbordo
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Héctor Espadas
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Ahí está otra vez, por fin. Creí que
no entraría nunca. Me parece que me ha visto pero se hace la
despistada. Se ha sentado algo lejos de mí, quizá no
me halla visto.Ahí está otra vez, por fin. Creí que
no entraría nunca. Me parece que me ha visto pero se hace la despistada.
Se ha sentado algo lejos de mí, quizá no me halla visto. |
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¡Qué guapa está hoy!.
Con suavidad coge las puntas de un puñado de pelos que han escapado
de su coleta; los estira, los enreda y los suelta. Al poco, otra vez
a empezar. De vez en cuando mira por la ventana y quizá percibe
los pequeños cambios que yo también percibo a través
de mi ventana y que son causados por el transcurrir del tiempo y del
espacio. |
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Parece cansada, seguro que está pensando en
descalarse y echar una breve siestecilla. Ojalá lo hiciera,
dormida seguro que es aún más bella. Si hiciera falta
yo me encargaría de avisarla cuando llegara su hora porque estoy
seguro de que nadie lo hará. Hoy no, ni aquí. |
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Tiene una cara preciosa. Las pocas imperfecciones,
como ese lunar y la pequeña cicatriz que le cruza la ceja, la
hacen más perfecta. Labios carnosos y rojizos, dientes blancos
y simétricos, mirada oscura y profunda, mejillas rosadas e infantiles. |
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Me gusta tanto mirarla... Sobre todo cuando no sabe
que la observo. Sus gestos, sus expresiones, son muy graciosas y las
raras veces que habla con alguien aquí(porque aquí apenas
hablamos los unos con los otros, tan sólo con nuestros acompañantes)
también me resulta graciosa. Graciosa porque al verla, mi boca
esboza una estúpida sonrisa. |
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Se ha girado, creo que me ha visto. ¿Sabrá entonces
que estoy en este lugar, en este tiempo?. Seguramente prefiere evitar
el contacto directo prolongado y se limita a hacerme saber que sabe
de mi existencia con una preciosa y fugaz sonrisa. Porque eso era una
sonrisa, ¿no?. No estaba tragando saliva ni nada de eso, ¿verdad?. |
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De todas formas creo que debería acercarme
a ella, saludarla y presentarme, aunque quizá todos se sorprendan,
sobre todo sus acompañantes, y me observarían minuciosamente.
Hoy es un día de demasiado silencio, incluso para este lugar,
si es que a esto se le puede llamar lugar. Hoy nadie habla de la guerra,
ni del tiempo atmosférico, ni de ninguno de los variopintos
temas que aquí se suelen tocar fugazmente porque lo obvio nos
impide extendernos y profundizar. |
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Como decía, hoy es un día de demasiado
silencio y si me comunicase con ella abiertamente, todos nos oirían
y debatirían entre ellos o para sí mismos todos los aspectos
de nuestra conversación y yo no quiero eso. Pero aún
así, no debo demorarme más. No puedo consentir que el
tiempo y el espacio sigan transcurriendo eternamente mientras yo me
limito a observar. Me levantaré y... |
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¡Vaya!, mi acompañante parece conocerla.
La ha saludado y me indica que vayamos a saludarla a ella y sus acompañantes.
No creo que él conozca mis pensamientos/sentimientos. Ella y él
entablan una conversación de la que yo me aparto porque no poseo
la información necesaria. Así es mejor porque de esta
forma podré centrar toda mi atención sobre ella, sobre
cada palabra, cada gesto, cada mirada... |
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Sus acompañantes se abstraen en su propia
conversación y ella me mira fugazmente de vez en cuando. Siento
que desnuda mi mente y corazón y que accede libremente a toda
la información en ellos almacenada. |
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¡Ha pulsado el botón!. ¿Por qué?,
aún no ha llegado su hora. Se levanta y me vuelve a mirar. Sonríe
pero aparta la mirada hacia el suelo. Espera a que se abran las puertas
y se va... |
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Mi acompañante y yo nos volvemos a sentar
en nuestros asientos y al cabo de unos instantes el autobús
sigue su recorrido. Comentamos entonces impresiones acerca de aquella
chica y al poco me callo como un preso que vuelve a su calabozo después
de un bis a bis. |
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Quizás algún día pueda llamarla
por su nombre y ella se gire y me salude. Ese día le preguntaré acerca
de porqué hoy se ha bajado antes de su parada, privándome
así de mirarla durante unos minutos más. |
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Héctor Espadas |
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